martes, 28 de agosto de 2007

Carta al Alcalde de Madrid de los “Desplazados” del puente de la Plaza de España.

La Asociación LUCES apoya esta iniciativa tras lo sucedido en Plaza de España:

Objeto: Petición de cita y propuesta de trabajo común.

Señor Alcalde,

Como ciudadanos de Madrid nos permitimos escribirle esta carta. Por orden del Ayuntamiento y en su nombre se procedió el día 16 de julio a nuestro desalojo del lugar llamado el “Puente de Plaza de España”, donde sobrevivíamos. Ahora nuestra situación no ha mejorado, incluso para algunos empeoraron las cosas. El “Puente” está cerrado al uso de todos los ciudadanos de Madrid. Sólo estamos desplazados, no se arregló nada, ni se aplicó el derecho. A este efecto le pedimos una cita con el fin de proponerle trabajar juntos para que esta situación no se reproduzca, que se ponga fin a la degradación de nuestra situación y que sea real el cumplimiento de los derechos humanos en Madrid.

Vivir en la calle acaba con nuestra identidad, permite que se nos trate de manera sistemática sin contar con nosotros como ciudadanos, degradando nuestra situación.

No se ha contado con nosotros para realizar este desalojo, los servicios sociales llegaron tarde y sin haber preparado con nosotros nada, lo que vulnera el derecho y la ética; les condenó a sólo proponer la urgencia, y nos condena a aceptar o rechazarla. Había más de 30 personas y se disponían de pocas plazas de urgencia; cuatro de nosotros aceptaron porque estaban en condiciones de hacerlo. Para muchos de nosotros un albergue no es una alternativa viable, le podremos explicar el por qué, con el fin de mejorar los dispositivos de Madrid. Pero consta que viviendo en un albergue no podemos acceder a ciertos trabajos, etc…

Después del “desplazamiento” de Plaza de España, muchos perdieron, y/o se les robaron sus pertenencias, ropa, material de supervivencia, medicamentos… por falta de un lugar seguro donde guardarlos. Es el ejemplo de una cosa mínima que se hubiera podido organizar con tiempo si se hubiese contado con nosotros para el desalojo: un sitio seguro para guardar las cosas mientras nos organizábamos.

Pero se ha hecho lo mínimo y lo más sistemático, con la policía, servicios de limpieza y servicios de urgencia. Este tratamiento además de no contar con nosotros es degradante en la medida que vulnera los derechos humanos, y las leyes en vigor. Las consecuencias son:

· Estamos más vulnerables y expuestos al riesgo de robos y violencias urbanas.

· Muchos, desde el “desplazamiento”, hemos perdido oportunidades de trabajar, o no hemos podido aguantar en las actividades que teníamos ya.

· No ha mejorado nuestra situación, hay más riesgo para el futuro, se han debilitado los lazos de solidaridad con los cuales contábamos entre nosotros y con otras organizaciones.

Por lo menos el puente nos lo permitía, aunque no fuera un “lugar para vivir”, más bien era el lugar donde sobrevivíamos. Podíamos levantarnos pronto para acceder a ciertos trabajos, o trabajar de noche. Podíamos asumir con regularidad unos tratamientos médicos. Había un grupo organizado con su solidaridad, se nos visitaba, etc… Hoy ya no se puede contar tanto con esto, se ha degradado la situación porque no se ha contado con nosotros. El trato ha sido sistemático y por tanto inhumano y degradante.

Queremos ser responsables de nuestras vidas, sabemos que podemos vivir tres o cuatro personas en un piso, pagando un alquiler en función de nuestros ingresos. Pero durante el desalojo y el desplazamiento no hemos contado tampoco con un asesoramiento jurídico, ni consejos ni alternativas viables. Le hacemos notar que en el verano muchos de los recursos de supervivencia (albergues, comedores, duchas, vestuarios etc…) están cerrados aunque no desaparecemos con el calor. Además compiten con nosotros los turistas en el acceso a la oferta de habitaciones baratas, es decir que el desalojo se produjo en el peor momento del año, en un contexto donde hay pocas alternativas y donde no contamos para nada en comparación con otros intereses, a pesar de existir como humanos. No tenemos nada, y se nos incita a buscarnos la vida, como sea, cuando lo que queremos es ser responsables, con dignidad, de nuestra vida.

No se ha contado con nosotros, tenemos el sentimiento de no existir más que cuando pedimos por Gran Vía o cuando somos un estorbo para la Policía.

Vivir en la calle acaba con nuestra identidad, permite que se nos trate de manera sistemática sin contar con nosotros como ciudadanos, degradando nuestra situación.

Un compañero nuestro murió en “el puente” el 31 de mayo, fue enterrado en un nicho sin nombre, en una pared del cementerio con muchos otros sin nombres (tratamiento mínimo y sistemático) y no hemos sido reconocidos tampoco para reclamar el cuerpo. Nadie lo fue. José vivió 41 años, con muchas experiencias, valores y pruebas de amistad, entre Portugal, Francia y España. Perdió toda su familia y tan sólo 18 meses en la calle en Madrid fueron suficientes para borrar 41 años de vida, su historia y su identidad; incluso después de su muerte. No ha contado como no contamos nosotros hoy en día, cuando todos los humanos tenemos un nombre y una dignidad.

Queremos contar para algo en las decisiones que nos conciernen y en la vida de la ciudad en la cual vivimos, Madrid, es el fondo de la petición que le hacemos. Por esto le pedimos una cita para poder trabajar juntos y con sus servicios técnicos, organizarnos para remediar nuestra situación y que no se reproduzcan más desalojos o desplazamientos sin realojos, sin preparación ni alternativas viables, sin que se aplique el derecho, sin que se nos permita ejercer nuestra responsabilidad de ciudadanos y nuestra dignidad humana.

Creemos que entenderá esta petición y que verá en nuestra propuesta la oportunidad de trabajar juntos y de hacer progresar la justicia y el derecho en Madrid. Es el sentido en el cual estamos comprometidos y determinados a seguir. A continuación firman los que vivíamos en el puente, y firman con nosotros ciudadanos, instituciones y asociaciones que apoyan la iniciativa y la propuesta para que Madrid sea un ejemplo de aplicación de los derechos humanos y de convivencia entre sus ciudadanos.

Atentamente y a la espera de una respuesta positiva.

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